Pergamino despide con profundo dolor a Rosarito Echecopar, una mujer entrañable, de esas que dejan huella en lo cotidiano y en el corazón de quienes tuvieron la dicha de compartir su camino. Esposa de Juan Miguel Echecopar, madre amorosa de Rodrigo (Rolo), Lola y Juan, y abuela presente y luminosa, Rosarito fue sostén, abrazo y alegría para su familia, el lugar donde siempre se volvía a empezar.
Su vida estuvo marcada por la sencillez y la autenticidad. De sonrisa sincera, espíritu simple y una chispa divertida que aparecía sin esfuerzo, supo transformar cada encuentro en un momento cálido. Tenía esa virtud silenciosa de estar, de escuchar y de celebrar lo pequeño, con la misma pasión con la que alentaba desde el corazón.
Futbolera por naturaleza, Rosarito vivía los colores con emoción genuina. Amaba a Estudiantes de La Plata y a Douglas Haig, equipos que la encontraban siempre fiel, con el grito contenido y la alegría a flor de piel. En cada partido había una excusa para compartir, para reír y para sentir que la vida, aun en lo simple, es celebración.
Hoy queda el recuerdo imborrable de una gran esposa, una madre ejemplar y una abuela llena de ternura. Queda su risa, su modo de amar y esa presencia que seguirá alentando, como siempre, desde algún lugar del alma. Descansá en paz, Rosarito. Tu luz sigue jugando en cada corazón que tocaste.
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