Fundado en 1893, Los Laureles sobrevivió a múltiples épocas, transformándose desde sus inicios como pulpería y almacén de ramos generales hasta consolidarse como un refugio del tango y la memoria porteña. Sus paredes, testigos de innumerables tertulias, milongas y encuentros vecinales, fueron declaradas patrimonio histórico, convirtiendo al local en un faro de identidad para el barrio. Sin embargo, la difícil situación económica que atraviesa el sector gastronómico terminó por sentenciar la continuidad del emblemático bodegón.
La noticia, que ha causado conmoción entre los vecinos y los habitués que durante décadas hicieron de este bar su segunda casa, marca el fin de una era. Con su cierre, Barracas pierde no solo un espacio de encuentro, sino a uno de sus guardianes más antiguos de la tradición porteña. Mientras se acerca la fecha límite, la comunidad se prepara para despedir al local que, durante más de un siglo, fue el corazón palpitante de su identidad barrial.
El Gobierno de la provincia ...
Se solicita la ...
Un relevamiento realizado por ...
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