La llegada del Ferrocarril Oeste a Pergamino en 1882, constituyó un hecho trascendental, que incluso modificó el eje urbano del pueblo, desplazándolo hacia el norte. El funcionamiento del novedoso transporte necesitaba de muchos operarios, quienes al ser incorporados construían las viviendas cerca de su trabajo, dando origen así al barrio más grande y más antiguo de la ciudad, el barrio Acevedo. A pocos años de su llegada, capitales ingleses compraron el ferrocarril local, que así pasó a denominarse F.C.Central Argentino. Parece que a los ingleses se les iba un poquito la mano con las precios, entonces para contrarrestar aquel monopolio tarifario, el estado provincial impulsó la creación de otras empresas, y es así como en 1908 llegó a Pergamino la “Compañía de Ferrocarriles en la Provincia De Buenos Aires”, que luego se conocería como F.C. Belgrano, y al que el vocabulario local refiere simplemente como “el trocha”. Este último ferro, construido por los franceses, sería el primero en crear un equipo de fútbol que los represente, y así nació “Compañía Gral. Bs As”. Heridos en su amor propio, los ingleses, es decir, los inventores del fútbol, decidieron no ser menos, y ahí nomás sus maquinistas fundaron “Douglas Haig”. Este club se regía bajo los típicos lineamientos británicos de élite, lo que dejaba sin representación a la mayoría de los trabajadores del Central Argentino, que no eran de “sangre azul” como los muy bien remunerados conductores de trenes. Tal circunstancia determinó la necesidad de otra entidad deportiva en el mismo ferrocarril y el mismo barrio, y así es como un 1° de enero de 1920 se creó “Tráfico’s F.C.Central Argentino”.
Al cumplirse los cien años de aquel acontecimiento, Carlos Alberto Bonet, prestigioso historiador del futbol local, tuvo la acertada iniciativa de escribir una pintoresca reseña de las memorables campañas de Tráfico’s Old Boys, y editar con ellas un interesante libro, hoy a la venta en la sede de calle Vélez Sarsfield, y cuya total recaudación será una colaboración del autor, para con el club de sus amores.
Ayer al hojear el libro, se volvió a jugar para mí una importante final, y otra vez Castañares con elegantes chilenas rechazaba los peligrosos centros al área, las chicas de Tráficos puteaban al referí por un fallo mal cobrado, y mi viejo, ferroviario de alma, mientras pelaba manices junto al alambrado, disfrutaba como un chico de aquel vibrante espectáculo.
Gracias por la emoción, don Bonet…
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