En el marco de una nueva misión solidaria impulsada por la Fundación Elena Barraquer, el oftalmólogo pergaminense Ezequiel Aranda participó por segunda vez de una experiencia que combina medicina de alta complejidad con un profundo compromiso humanitario. Entre el 20 y el 28 de marzo, el equipo internacional viajó a Mozambique, específicamente a la localidad de Boane, en Maputo, donde desarrollaron una intensa campaña quirúrgica que permitió devolver la visión a 410 personas que no tenían otra posibilidad de acceder a este tipo de intervención.
La misión estuvo conformada por diez integrantes, de los cuales nueve eran profesionales provenientes de España y Aranda fue el único argentino. El equipo incluyó dos cirujanos oftalmológicos, dos instrumentadoras quirúrgicas, una médica anestesióloga, una oftalmóloga de campo, dos asistentes de campo, un optómetra y una coordinadora. Durante jornadas sumamente exigentes, que se extendían entre 13 y 15 horas diarias, se realizaron alrededor de 80 cirugías por día entre ambos cirujanos, en un ritmo de trabajo prácticamente ininterrumpido.
Mucho trabajo
“Son días muy intensos, muy demandantes tanto desde lo físico como desde lo mental y lo espiritual. Empezamos a operar alrededor de las 7:30 y muchas veces seguimos hasta las 21:00 o incluso hasta las 22:30, con apenas 20 minutos para almorzar. No hay tiempo libre: es cumplir una misión, cenar, descansar y volver a empezar al día siguiente”, relató Aranda al describir la dinámica del operativo.
Las intervenciones realizadas fueron principalmente cirugías de cataratas mediante facoemulsificación con implante de lente intraocular, un procedimiento habitual en países desarrollados pero inaccesible para gran parte de la población en regiones con altos niveles de pobreza. En ese sentido, el profesional destacó el trabajo de la médica oftalmóloga de Barcelona, Elena Barraquer, fundadora y directora de la organización, a quien definió como una de las principales artífices de estas misiones. “Nosotros colaboramos una o dos semanas al año, pero desde la Fundación hay personas que trabajan todo el año con dedicación absoluta, realizando aproximadamente 12 misiones anuales en África desde hace más de una década”, señaló.
Profesionalismo
Para garantizar la calidad y seguridad de las intervenciones, la Fundación traslada desde Europa todo el equipamiento necesario. Microscopios, instrumental quirúrgico, insumos oftalmológicos y sistemas de esterilización forman parte de las 26 valijas que se despachan para cada misión. De este modo, logran realizar cirugías con un elevado estándar de calidad y seguridad en contextos donde la infraestructura sanitaria es muy limitada. “Un quirófano en estos lugares no se parece en nada al concepto que uno tiene en nuestro país o en Europa, pero se trabaja con estándares muy altos”, explicó.
El trabajo coordinado con el equipo local fue otro de los factores clave para el éxito de la campaña. Profesionales de la salud de Mozambique se encargaron de detectar pacientes, organizar turnos y realizar controles postoperatorios. “El trabajo mancomunado fue fundamental para alcanzar este volumen de cirugías. Nos recibieron con gran generosidad y compromiso”, destacó Aranda.
Contexto desfavorable
La necesidad de estas misiones se vuelve evidente al analizar el contexto sanitario del país africano. Mozambique cuenta con aproximadamente 35 millones de habitantes, pero dispone de apenas 30 oftalmólogos en todo su territorio. En contraste, ciudades como Pergamino, con cerca de 100.000 habitantes, cuentan con más de 20 especialistas. “No hay forma de que los profesionales locales puedan dar respuesta a la enorme demanda existente”, subrayó el cirujano.
Satisfacción
Más allá de los números, el impacto humano es el aspecto más significativo de la experiencia. “Siempre es una satisfacción ayudar a mejorar la salud visual de una persona, pero en este caso es mucho más emocionante. Hay pacientes que llegan con pérdida de visión muy profunda o directamente ciegos, y al día siguiente, cuando les sacás el parche, vuelven a ver. Eso te sigue emocionando como el primer día, aunque lo hayas hecho miles de veces”, expresó.
El médico también hizo hincapié en la responsabilidad que implica intervenir en estos contextos. “Sabés que probablemente sea la única oportunidad que esa persona va a tener en su vida para recuperar la visión. Eso genera una tensión y una responsabilidad muy grandes, pero también una satisfacción enorme cuando todo sale bien”, afirmó. En muchos casos, recuperar la vista significa volver a trabajar, recuperar autonomía y mejorar la calidad de vida no solo del paciente, sino también de su entorno familiar y su comunidad.
Emoción y responsabilidad
Al momento de resumir la experiencia, Aranda eligió palabras que reflejan la intensidad vivida: “responsabilidad, satisfacción, alegría, gratitud y emoción”. También aseguró que le gustaría volver a participar en futuras misiones. “Es un privilegio poder formar parte. Uno siente que aporta un pequeño granito de arena, pero el impacto es muy grande”, concluyó.
La Fundación Elena Barraquer que tiene grandes referentes argentinos, como el doctor Gerardo Valvecchia (director en Latinoamérica) y Fernando Ariel García en nuestro país, ha desarrollado campañas en distintas regiones (24 horas de cirugía en Berazategui y también en el norte argentino), incluyendo operativos intensivos con cientos de cirugías gratuitas. La misión en Mozambique no solo dejó cifras contundentes, sino también una huella profunda en quienes participaron, reafirmando el valor de la medicina cuando se ejerce con vocación, compromiso social y sentido humanitario
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