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 Jueves 16 de Abril de 2026

Por Memo García

Se fue 'Cacho', parte del alma de Centenario y un ejemplo de integridad

Muchos recibimos hace un rato esa noticia que nunca queremos recibir, que genera un profundo dolor y deja un insondable vacío: el fallecimiento de Oscar Alfredo “Cacho” Baccarini, un amigo de todos. 

 

La ciudad pierde no solo a un vecino histórico del Barrio Centenario, sino a uno de esos hombres que, con su andar pausado, su temperamento convincente y su palabra firme, ayudaron a construir la identidad de su comunidad.

“Cacho” fue un hombre vinculado al transporte público durante toda su vida, un rubro donde forjó su cultura del trabajo y donde cosechó el respeto de colegas y todo tipo de pasajeros por igual. Pero su pasión no se agotó en el asfalto urbano. Su corazón latía con fuerza cada vez que el fútbol o el automovilismo -más adelante- entraban en escena. Sostuvo -varias veces solitariamente- el fútbol del Club Juventud, institución donde dedicó parte de su vida. Fue un fiel seguidor del piloto Alfonso Domenech, a quien acompañó con la lealtad y el compromiso que solo los grandes amigos pueden ofrecer.

Más allá de sus pasiones, se destacó por su calidad humana. Quienes lo conocimos mucho coincidimos en definirlo como un hombre de bien, noble, trabajador, frontal y leal. Fue ese amigo incondicional que siempre estaba presente y el vecino ejemplar que hacía del Barrio Centenario su lugar en el mundo.

En el ámbito de una familia muy querida, “Cacho” o “El Gordo” dejó su huella más abismal. Fue un esposo dedicado, de la incondicional Gladys. Un padre ejemplar para sus hijos Walter -mí querido amigo de toda la vida- y Claudio -profesor de Educación Física-, y ese abuelo que todos sueñan tener, capaz de entregar un amor infinito a su nieto Mateo.

Su legado se mide en valores. Se fue “Cacho”, otro amigo, hombre de principios, un tipo frontal que honró la amistad y el trabajo hasta su último día. 

Su ausencia se sentirá en las calles de Centenario, en cada rincón de la ciudad que recorría con optimismo y en cada box de carrera, pero su ejemplo de decencia permanecerá intacto en el recuerdo de todos. Absolutamente de todos nosotros. Y en el corazón de quienes tuvimos la bendición de compartir parte de su vida.

“Cacho” se nos adelantó en la última vuelta, pero no para abandonarnos, sino para esperarnos en el podio de la eternidad. 

Dios traiga paz a los corazones de su querida familia y renueve las fuerzas mi amigo del alma, el Cabezón.



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