Más allá de las responsabilidades individuales que deberá determinar la Justicia, esta causa deja en evidencia un problema que la ciudad todavía no ha sabido resolver.
La prohibición de las aplicaciones terrestres en un radio de 1.095 metros y de las aéreas en 3.000 metros continúa vigente. Eso significó que miles de hectáreas dejaran de poder producir bajo el modelo agrícola tradicional.
La pregunta es qué hizo la ciudad durante todos estos años para transformar esa realidad.
La principal respuesta fue permitir el avance de desarrollos inmobiliarios sobre parte de esas tierras. En la práctica, la frontera agrícola no se desplazó hacia un nuevo modelo productivo: simplemente cambió el uso del suelo, pasando de agrícola a inmobiliario.
Faltó planificación, pero sobre todo faltó creatividad.
¿Por qué no impulsar un programa de producción periurbana con cultivos de bajo impacto? ¿Por qué no convocar al INTA, a la UNNOBA, a las empresas del sector, a productores y especialistas para diseñar un nuevo sistema productivo que fuera ambientalmente responsable y, al mismo tiempo, económicamente viable?
Las restricciones pueden ser una oportunidad para innovar. Muchas ciudades han desarrollado modelos de producción agroecológica, horticultura intensiva, cultivos especiales o sistemas mixtos adaptados a las zonas periurbanas.
Pergamino tenía el conocimiento científico, las instituciones y los actores necesarios para liderar esa transformación. Sin embargo, el problema quedó congelado durante años.
La discusión no debería limitarse a quién fue responsable de llegar hasta acá. También debería centrarse en cómo construir una solución que permita producir, generar trabajo y proteger la salud y el ambiente al mismo tiempo. Ese es el desafío que la ciudad sigue teniendo pendiente.
Hay personas que pueden ...
Hay instituciones que ...
Un informe elaborado con ...
La Escuela de EnfermerÃÂa ...
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